Jose Mari Bakero vivió ayer una tarde muy especial en el Auditorio de Anoeta. La presentación de "Mi próxima parada", enmarcada en Korner Kultura & Futbol Festibala, reunió a una amplia representación de la familia txuri urdin en un acto cargado de emoción, recuerdos y agradecimiento. El presidente Jokin Aperribay, acompañado por los consejeros Alex Uranga y Joseba Ucín, no quiso perderse una cita a la que también acudieron excompañeros y amigos como Javier Expósito, Luis Arconada, Jesús Zamora, Juanan Larrañaga, Luis Mari López Rekarte o Iñaki Anza, además de familiares y amistades del protagonista.
La charla, moderada por Ander Izagirre, permitió recorrer la vida de Bakero desde sus primeros años en Añorga, donde encontró la oportunidad de crecer, hasta su etapa en la Real Sociedad, el FC Barcelona y sus experiencias posteriores dentro y fuera del fútbol. Entre recuerdos de infancia, viajes en autobús y aprendizajes compartidos, el exjugador habló de la importancia de la atención, la observación y el respeto a las personas como valores que le han acompañado durante toda su trayectoria.
El encuentro dejó momentos especialmente emotivos al recordar sus primeros pasos en la Real, la lesión que sufrió siendo muy joven y el papel fundamental de quienes le ayudaron en aquel proceso. Luis Arconada tomó la palabra para explicar cómo se trató de que Bakero estuviera siempre en las mejores manos posibles, mientras que también se recordó la dureza de las lesiones, incluso por encima de las derrotas. "Es igual de importante el minuto 1 de la lesión que el 90", fue una de las ideas que sobrevoló una parte de la conversación marcada por la soledad, el dolor y la capacidad de volver.
También hubo espacio para hablar de fútbol en mayúsculas. Bakero recordó cómo se fue formando aquel equipo que marcó una época en la Real, la importancia de la cantera, la llegada de Toshack y la confianza que se fue construyendo dentro del vestuario. En ese recorrido aparecieron aprendizajes que después trasladó a otros contextos, como la idea de que "correr mucho no significa correr bien", o la convicción de que cada derrota deja una enseñanza personal y profesional. La tarde también tuvo humor, con bromas sobre sus goles, los porteros, sus años sin regatear y aquel apodo de "Patrasic" que Michael Robinson le puso por sus pases hacia atrás.
La sesión terminó con una mirada agradecida a todas las etapas de su vida. Bakero quiso unir su familia de origen con las familias que fue encontrando en el fútbol, especialmente la Real y el Barça, y expresó su deseo de que la gente de la Real se sienta también parte de todo lo que ha conseguido después. El cierre, con palabras de agradecimiento eterno hacia Javier Expósito, puso el broche más emotivo a una tarde que volvió a demostrar que algunas historias no pertenecen solo al terreno de juego, sino también a la memoria compartida de una afición.
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